Un pregonero diferente, un mensaje claro, preciso y contundente. No hicieron falta grandes alharacas ni adornos, no hicieron falta tapas de terciopelo y apliques de orfebrería, sólo una simple carpeta azul con sus dos gomas. Como mis palabras son torpes, les dejo con la Salutación con la cual el pregonero inició su proclama. Lean y juzguen ustedes mismos.

Gracias, compañero, Manuel González por hacerme llegar esta maravilla de salutación, valiente y sin complejos.

SALUTACIÓN

                  Virgen de Araceli, Madre nuestra y Madre de todos los hombres:

de los creyentes y de los lejanos que, tal vez –sin saberlo- quisieran creer

de los pobres, y también de los ricos;

de los tolerantes, y de los fanáticos;

de los inocentes, y también de los culpables de todo o, tal vez, de nada;

de los terroristas, de sus víctimas y de quienes les combaten;

 MADRE:

de los matrimonios, de los divorciados vueltos a casar  y de los que simplemente conviven;

 MADRE:

de los que practican, en todo momento y circunstancia, la defensa de la vida –de cualquier vida- y de quienes la matan –haciéndolo, permitiéndolo o favoreciéndolo- desde la misma concepción o precipitando dulcemente su final;

 MADRE:

de los de una u otra orientación o práctica sexual;

de los drogadictos, alcohólicos, prostitutas y marginados y de los que explotan, propician o no impiden esas situaciones;

de los que no tienen techo, y también de los que viven en palacios;

de los hambrientos de pan y cultura, y de los que están saciados de todo;

MADRE:

de los sin nombre y sin rostro, y de los famosos;

de los que te aclamamos y vitoreamos, pero no seguimos las enseñanzas de Jesús, tu Hijo;

de los que nos llamamos y, de verdad, queremos ser hijos tuyos, aunque te hayamos desfigurado tanto, tanto, hasta hacerte irreconocible;

MADRE:

de los privados de libertad –justa o injustamente- aún por los delitos más abominables;

de quienes –según nuestra moral e inapelable juicio- “viven en pecado”;

MADRE:

de aquellos –o aquellas- que, estimando que la imagen de tu Hijo en la Cruz pueda ofender a alguien, ordenan retirarla de despachos oficiales, olvidando que el Crucifijo es símbolo de entrega y de amor, como recordó el profesor Tierno Galván –agnóstico confeso- al disponer mantenerlo en su propia mesa de trabajo cuando ocupó el despacho como alcalde de Madrid;

MADRE:

de los emigrantes;

de los refugiados y de quienes les acogen;

MADRE:

de los cuatro millones y medio de sirios desplazados y de los miles de niños refugiados desaparecidos;

de los niños de la calle y de los que mueren en la playa;

de todos los niños, sea cual sea su origen o la forma en la que hayan sido engendrados o concebidos;

MADRE:

“aún de aquellos que ignoran que son hijos tuyos”, según enseñó el papa Pablo VI en su Exhortación apostólica “Marialis Cultus”, de 2 de febrero de 1974;

MADRE:

incluso de los que un día del pasado febrero –de palabra o con el cobarde silencio- te ofendieron en el Salón de Ciento del ayuntamiento de Barcelona;

MADRE:

de quienes dudan de tu virginidad, llegando a negarla;

de los que no te reconocen como Madre de Dios;

MADRE:

de la MISERICORDIA: así te invoca el papa Francisco en su bula “Misericordiae Vultus“,  de 11 de abril de 2015, convocando el Jubileo Extraordinario de la Misericordia  que este año celebramos;

MADRE Y SEGUIDORA:

del subversivo, revolucionario y rebelde Jesús;

MADRE:

de las víctimas y familiares de los recientes terremotos en Japón y Ecuador;

MADRE:

de los vivientes;

MADRE:

de toda la familia humana.

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Un comentario en “Un Alegato a modo de Pregón.

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