La vorágine de los días grandes pasaron, la mañana posterior fue tranquila con un constante ir y venir para pedirte, darte gracias, tal vez reñirte por algún favor no concedido, darte los buenos días, sólo pasar a ver cómo estabas, contemplarte o simple y llanamente mirarte. Pasaron los días de la muchedumbre y volvió de nuevo, la calma… Tu Calma que, de nuevo, se tornará en torbellino de sentimientos un segundo Domingo de Mayo cuando Tú, bajarás a la Tierra para dar tu mano a los que de Tí siempre necesitamos.

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