Recuerdos: No he venido para ser servido sino para servir.

Era una noche de Mayo, de las del calor estival tempranero, sonaba a sal en las cornetas que de la mar venían a desgranar un rosario de quejidos por calles serranas de la ciudad subbética, del mar vinieron sones para contemplar la servidumbre del maestro. Rememoranza de antiguos siglos, a las calles de la ciudad se echaba, ya con treinta monedas traidoras en la antesala de la cena postrera, el Lavatorio de Cabra.

Rey de Priego.

Hacía ya tres años que no volvia por tus feudos, Rey de Priego. Hacía tres años que no enfocaba tu figura, Rey de Priego. Hacía tres años que tu mirada de mansedumbre no calaba en mí, Rey de Priego. Hacía tres años en los que tu humana figura, porque Cristo más humano no lo hay, no recorría un escalofrío en mí, Rey de Priego. Humanidad extrema en Divinidad suprema, Rey de Priego. Gracias por dejarme volver aunque haya sido con tres capítulos de retraso, Rey de Priego.