La Virgen de la Capilla

La Virgen de la Capilla el último domingo de septiembre presidiendo como soberana del lugar la iglesia de San Pedro Mártir, la Señora del Viernes Santo lucentino, la que acompaña a su hijo camino del calvario y la que le da sepultura en la tarde ya marchita de un Viernes con mayúsculas, triste y nostálgico. La del llanto quebrado, la del sollozo interminable, la de las manos encrespadas y la rosa prendada. La del dulce dolor y la infinita belleza. Sólo Ella, la Virgen de la Capilla, el Socorro de María en una tarde novicia de otoño.

 

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XXV años, en Santo Domingo.

Y de las Filipenses llegó hasta Santo Domingo y allí, en lugar de privilegio, presiden la parroquia. Un sencillo altar pero elegante, íntimo, recogido, sólo un foco pone luz a la triple escena en una. Todo en su justa medida para llamar a la oración, al recogimiento, en una iglesia en penumbra donde sólo Ellos brillan al fondo bajo la atenta mirada de la Inmaculada que preside el retablo mayor. El escudo del Huerto, cofradía hermana del día, preside el dosel porque la fraternidad entre hermanos es a lo que estamos llamados según el mensaje de ese que que reparte Bondad camino del Monte Calvario y que en Getsemaní lloró lágrimas de Agonia inyectadas en sangre por la aceptación de redimirnos. Todo está dispuesto esta semana, aún tienen tiempo de dejar un padrenuestro y una salve a los Sagrados Titulares de la Hermandad de Nazarenos del Sagrado Encuentro, nunca es tarde si la dicha es buena.

XXV años encontrándose con Lucena

Fue en 1992 cuando en la Parroquia de Santo Domingo daba esta hermandad, ya indispensable y con un peso considerable en la Semana Santa lucentina, sus primeros pasos. Una hermandad que apostó fuerte cuando se trasladó a la capilla del convento de las RR.MM Filipenses evitando así, quién sabe, que esta coqueta capilla fuera presa de la piqueta que tanto daño hizo a Lucena entre los setenta y los ochenta.

En 1996 llegaba el gran regalo y el gran anhelo para su Hermandad y no menos aún para Lucena entera, se bendecía la imagen por la que tanto suspira su Hermandad, el Señor de la Bondad y con la que este que escribe se siente tan unido, no hace falta que vuelva a explicar los motivos y, desde su llegada, un vínculo especial nos une a ambos. En 1997 llegaba la dulce imagen de la Virgen del Divino Consuelo acompañada con San Juan y tampoco tardó en prender en los corazones de sus hermanos y del pueblo. Hoy en día la Semana Santa lucentina no se entendería sin un Domingo de Ramos con la Hermandad de Nazarenos del Sagrado Encuentro bendiciendo sus calles y en tan corta trayectoria de tiempo se ha ganado un puesto indispensable en la nómina de la Semana Santa de la ciudad, siendo una hermandad viva, joven y madura a la vez, creciente, haciendo las cosas de una manera seria, mejorando día a día, año a año y enamorando a cada vez más gente pero eso lo tiene muy fácil esta Hermandad porque sólo hay que mirar a los ojos de Jesús de la Bondad y el dulce llanto de la Virgen del Divino Consuelo para querer quedarse siempre en el brillo de sus miradas.

25 años después, la Hermandad, vuelve a sus orígenes aunque sólo sea durante una semana y aquí una pequeña galería en blanco y negro del solemne traslado de la IV estación del vía crucis desde su sede canónica hasta la parroquia dominica.

Día de Jesús en Baena

El 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz, en Baena así como en distintos pueblos de su entorno cercano tanto de la provincia de Córdoba como de Jaén se celebra el Día de Jesús. La devotísima imagen del Nazareno sale cada año de su Iglesia de San Francisco acompañado de la Virgen de los Dolores para recorrer las principales calles de esta bella localidad cordobesa acompañado de un numerosísimo cortejo que suman aún en grandiosidad dicha salida procesional. La estampa de los vecinos esperando sentados en sus puertas el paso del Señor, costumbrista donde las haya, el imperio romano abriendo cortejo redoblando las cajas de Baena, la personalísima y devota imagen del Señor, su cruz de plata, bastón de mando, el largo cortejo y la belleza íntima de la Virgen de los Dolores sobre un pequeño paso de madera oscura tallada. Todo traslada al que lo contempla a otras épocas lejanas a las modas imperantes y tremendamente personal.

La experiencia fue gratísima y aquí os dejo una pequeña muestra gráfica de lo que pude vivir el pasado jueves 14 de septiembre en Baena.

 

Inmaculada Concepción

La Hermandad de la Inmaculada Concepción y cofradía de nazarenos de Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro y Nuestra Señora del Desconsuelo en su Soledad ha repuesto al culto la imagen de la Inmaculada Concepción, titular primera de la Hermandad, tras el proceso de restauración llevado a cabo en Sevilla por Silvia Ortego Jiménez (Licenciada en Bellas Artes, con especialidad en conservación y restauración de patrimonio) y Antonio Comas (Técnico Superior en escultura y Técnico en dorado y policromía).

La noche del pasado domingo día 10 de septiembre me cupo el honor de poder fotografiar en la intimidad a tan preciosísima imagen y a la que tanto afecto y cariño me une, tanto a Ella como a todos los titulares de la Hermandad del Santo Sepulcro. Desde estas líneas agradecer a la Hermandad la confianza depositada en mí y aquí dejo una pequeña muestra de la sesión que pude realizar en la Iglesia del Salvador y Santo Domingo de Silos, la que todos conocemos como La Compañía.

8 de la Sierra

8 de la Sierra, 8 de Cabra, 8 de la bandera, 8 de la Natividad, 8 de septiembre.

Templete de plata, ráfaga y media luna, terno de coronación, los nardos, las coplas, el centro filarmónico, la salve, los vivas, el pueblo y sus promesas, el revoleo, el cobijo bajo ella y los besos a la bandera, los fuegos desde la Asunción, los pétalos, la calle mayor arriba, el día resuelto en noche grande. 8 de Cabra, 8 de la bandera, 8 de la Natividad, 8 de septiembre, 8 de la Sierra…

4 de septiembre

La tradición marca el día par a la hora par, del día par a la fiesta grande se suceden dos números pares más. Todo es en cuatro y en ocho y la distancia es otro cuatro, dos veces par.

El cuatro del mes de la Natividad de María, a las cuatro del sol más alto. El calor la arropa, en el ambiente y en su gente. El paisaje, puro, verde y amarillo, de la sierra al olivar. El camino, el camino duro de polvo y pendiente. La nube, se alza como ofrenda de amor y envuelve sus andas. Los cordeles con los cuatro colores, verde, amarillo, rojo y blanco, todo es cuatro, todo es par. La Señora, de color moreno y azul de cielo en sus ojos nos muestra al único Rey, al único ante el que hay que hincar la rodilla. La viñuela es la oración del jinete, en los colchones el agua calma las gargantas secas por las promesas, en la blancura, todo es salve de padre e hijo, oración cantada templada por una sonanta en la voz de dos hermanos y mujeres de Ella. En Góngora, se añora una voz. En los cordeles, los que precisan salud desde la lejanía le lanzan su beso y su plegaria y la bandera ya revolea y la barriada es una fiesta y las flores, las flores son de Ella. El cambio, los nardos nuevos, la misa y Cabra espera en los arcos de la calle Baena y allí se proclamará de nuevo alcaldesa y sonarán los himnos como tributo a su realeza y las coplas se desgranarán San Martín abajo y la Plaza Vieja y la Mayor de las calles que hasta la Asunción llevan y de nuevo una salve y un templete de plata espera, de nuevo pasarán cuatro días, cuatro días de espera y el ocho, que es dos veces cuatro, por la puerta de la Iglesia se dibujará tu realeza.

Cabra vuelve a ser Cabra y ya despierta de un año de larga espera.