En el altozano donde se yergue la Parroquia de la Asunción y Ángeles, allá en la Villa de Cabra, un hombre con los brazos abiertos en un signo de entrega máxima ora al Padre y nos invita a orar con Él y a no dormirnos ante las adversidades y por el Cerro, por la parroquia de San Juan Bautista, una piadosa Madre derrama sus lágrimas tocada con velo negro ante la muerte del Amor de los Amores. Así es el drama vivo de la pasión de Cristo, la entrega del sacrificio máximo por redimir nuestras culpas.

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