María, Consuelo de los Afligidos

Cuando con sólo admirar se estremece el alma, la sublimidad de lo sencillo, el dramatismo sin patetismo, cuando la madera deja de ser madera para ser humanidad divinizada.

Obra de Francisco Javier López del Espino para la Cofradía de la Salud de Murcia.

El Domingo del Señor

Todo llevaba a la Capilla, al Llanete de las pasiones y las devociones, de nada importaba que lloviera, todo el itinerario culminaba en el Llanete de la Capillita. Un recorrido de Ángeles, de Amor, de Consuelo Divino, de Soledad allá por Santiago para maniatado y Preso, por la calle Navas subir la calle Curados y culminar allí, ante el Viejo de las Espigas, ante el Señor, ante Jesús, ante el divino Nazareno. Sí, todo el recorrido del quinto Domingo de Cuaresma era un recorrido para llegar a Ti, besar tu pie, mirarte, rezarte, implorarte perdón y sentir tu primera bendición.

Miserere mei Deus

Cinco días para redimir nuestras faltas, quinario en San Pedro Mártir. Los ritos se repiten antes del domingo de Perdón y bendición. Miserere mei Deus tras cada misa, olor de los pebeteros, la cruz de plata y la túnica de los racimos. Todo está dispuesto, la espera va terminando, Lucena ya te está esperando.

 

Domingo de Cuaresma

Domingo de cuaresma, de nubes negras y lluvia sobre las piedras antiguas. Templos abiertos de par en par, devociones seculares a la veneración de los fieles en piadosos besapies y besamanos. Ni el mal tiempo puede con el peso de las piadosas costumbres desde San Mateo a Santiago, desde Santo Domingo a los Frailes y desde el Valle hasta la Capilla de las Felipenses.

 

Bajo un manto de Soledad

Yo, disculpen esta entrada tan ególatra, cada vez que clavo mis ojos en sus manos, en su boca y en su triste mirada nunca puedo dejar de estremecerme. Sí, dolorosas hay muchas, bellísimas, místicas, con unción sagrada, con peso devocional pero vos, Soledad, no sois de este Mundo. Sois la Virgen más humana y más divina a la vez que mis ojos puedan contemplar, siempre que poso mi mirada ante vos un escalofrío recorre mi espina dorsal pero el tenerla a vos tan cerca, abajo, pisando suelo terrenal, que no cielo devocional, ese escalofrío se intensifica por setenta veces siete.

Soledad, bajo un manto de Soledad, siempre rodeada de tanta gente pero tan sola, en el fondo de tu corazón tras esas manos entrelazadas siempre tan sola, siempre, bajo un manto de Soledad.