Esencia (Semana Santa de Lucena)

Esencia:
Conjunto de características permanentes e invariables que determinan a un ser o una cosa y sin las cuales no sería lo que es.
La definición está más que clara, eso es lo que es la Semana Santa de Lucena… Esencia pura en sí misma y esta, su galería.
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Herencia

Herencia: Conjunto de bienes no materiales, obras o ideas que se reciben de los antecesores.

Sí, esta es la acepción de herencia más humana que existe, la que no se mueve por el interés ni por el dinero sino la que se mueve por el sentimiento, lo que nuestros padres no transmiten y lo que transmitiremos a nuestros hijos.

Todo en dos miradas, una que con amor se dirige a la ternura que lleva en sus brazos para hablarle de amor, sí de amor, dejemos la fe, las creencias, para hablarle de amor, de amor a la imagen del Señor doliente con la cruz a cuestas, el que une a sus plantas a hombres, mujeres, niños, mayores, creyentes, ateos, agnósticos porque esa Imagen está por encima de cualquier credo porque forma parte del ADN de los que lo contemplan hasta dos veces por Primavera, sí, amor. Y, otra mirada, tierna, inocente, que aún no alcanza a comprender bien el porqué ese hombre, tan humano, carga con una pesada cruz pero que ya lo siente como suyo, que ya siente ese amor transmitido, esa herencia, la única que no es interesada, una herencia que ya llevará con ella para el resto de su vida más allá de credos y religiones, esa herencia que un día del brazo de su padre, una tarde de abril, recibió con el más inmenso de los amores.

A Nicolás Jiménez y Marta Siles.

Besapies 07

Tú lo dices, Soy Rey

y Pilato le preguntó:

_¿Acaso tú eres Rey?

a lo que él respondió:

-Tú lo dices, soy rey.

Pero sí, su reino sí es de este mundo, de este mundo y del otro. Su reino empieza en una de las ciudades más hermosas de Andalucía para no tener fin. Su reino empieza en un camarín en San Francisco y se extiende por un dédalo de callejas, calles, plazas, fuentes para no tener fin. Su reinado tiene dos momentos en el año donde su pueblo le rinde pleitesia y se postra a sus plantas, uno donde lucha por ser sus hombros y otro donde con total majestad recibe en audiencia desde su dorado trono con cuatro faroles con las calores de mayo a todo un pueblo postrado. Su reino sí es de este mundo y, ahora, se desparrama por uno de los balcones más bellos de Europa cual calle de la Amargura y se proyecta en la cal blanca de la Asunción, allí aguardará a volver a su franciscano templo cuando, de nuevo, su gente lo aclame con vivas al que es Rey, porque, su reino sí es de este mundo y del otro, su reino empieza en Priego para no tener fin.