Una Triste Mirada

Ocurre en Priego de Córdoba, ocurre en los domingos de mayo aunque a veces el calendario se estire para llegar a junio. Dos sayones, grotescos y crueles, laceran una inclinada espalda divina desde un compás franciscano, una inclinada espalda, unas rodillas casi vencidas y una triste mirada de dolor contenido y resignación, infinita y honda tristeza donde mirarse cuando la pena, el dolor, la melancolía y los sufrimientos arrecian. Ocurre en Priego de Córdoba, ocurre en los domingos de mayo aunque a veces el calendario se estire para llegar a junio…

Fotografías: Gitanito y MC.

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Color de Corpus

Hay procesiones del Corpus Christi fastuosas con un aparataje y una puesta en escena milimétricamente cuidadas, con altares grandiosos donde las mayordomías y priostías de las hermandades emplean una noche entera en su elaboración y montaje, hay cortejos interminables cuajados de varas, chaqués, desfile de vanidades, cirios, gomina en cantidades industriales, patillas afiladas, zapatos caros, medallas relucientes, pechos hinchados, custodias monumentales, obispos saludando y anillos besados, procesiones, en definitiva, que son una auténtica obra de teatro sacro en la calle.

Hay procesiones del Corpus Christi sencillas con altares pequeñitos, domésticos, elaborados con mimo y cariño con cortejos pequeñitos y donde el desfile es menos vanidoso y ostentoso, donde la custodia va en sencillas andas a hombros de sencillos hombres, donde el párroco lleva una vara labrada e inciensa cada altar por donde la custodia va parando, sencillas procesiones pero que nada envidian en belleza a esas fastuosas procesiones antes nombradas, donde un pueblo entero vuelca su amor en alfombrar las calles de color, dando formas caprichosas al sencillo serrín tintado, prensado, elaborando dibujos durante un día entero donde un pueblo chiquitito se convierte en una paleta de color que ni el mejor pintor imagina. Pueblecito blanco de cal, de cuestas escalonadas, de gentes sencillas donde todo en su justa medida hace maravillarse a cualquiera con una mínima de sensibilidad. Un pueblo de la Subbética cordobesa, no podía ser otro lugar, Carcabuey donde el color de la primavera tiene color de Corpus.

Campanas de Junio

Una mañana de domingo, con campanas de junio llamando a hincar la rodilla en tierra ante su Sagrada Majestad. Campanas de junio llamando vestidos blancos, a marineros y almirantes para custodiar el paso del Rey Celestial. Campanas de junio repicando a júbilo cuando por la puerta de la Asunción asoma la hermosa custodia sacramental. Aromas de incienso ante cada altar. Alabado sea Jesús Sacramentado, sea por siempre bendito y alabado una y otra vez como un rosario desgranado. Campanas de junio para que las espigas se vuelvan morenas y las vides derramen su sangre bendita en forma de racimo. Campanas de junio para que vengan cielos azules. Campanas de junio por San Juan de Dios. Campanas de junio subiendo la calle Mayor. El Corpus, en Cabra, al son de campanas de junio.

 

Jueves que reluce más que el sol

En Priego es primavera, finales de un mes de mayo atípico, llegó un calor casi efímero, un cielo azul, el sol que brilló, las blancas calles estrechas de cal, rincón inconfundible para el amor, para entrelazar las manos, para robar un beso, el color se desparramó por las fachadas inmaculadas, en los patios preñados de luz, gitanillas, siempre gitanillas y geranios, todo se vistió de nuevo, de fiesta, la custodia argéntea a hombros de sus costaleros recorrió las angostas calles y llegó al paseíllo, una cruz de plata antigua presidiendo un altar jubilar, Jesús siempre presente, el Rey de toda la ciudad y este año aún con más brío, con más fuerza, 425 años. El cardenal rezó las preces oportunas, bailaron los soleanos seises y con triunfales sones regresó por angostas calles la custodia esta vez a San Francisco donde Jesús presidiendo su retablo de mayo esperaba la llegada de su cuerpo vivo. Fue una hermosa mañana de mayo, una hermosa mañana de un jueves que brilló más que el propio sol, en la ciudad más hermosa de la subbética cordobesa, Priego de Córdoba.

A Marta Siles y Nicolás Jiménez.