En Priego es primavera, finales de un mes de mayo atípico, llegó un calor casi efímero, un cielo azul, el sol que brilló, las blancas calles estrechas de cal, rincón inconfundible para el amor, para entrelazar las manos, para robar un beso, el color se desparramó por las fachadas inmaculadas, en los patios preñados de luz, gitanillas, siempre gitanillas y geranios, todo se vistió de nuevo, de fiesta, la custodia argéntea a hombros de sus costaleros recorrió las angostas calles y llegó al paseíllo, una cruz de plata antigua presidiendo un altar jubilar, Jesús siempre presente, el Rey de toda la ciudad y este año aún con más brío, con más fuerza, 425 años. El cardenal rezó las preces oportunas, bailaron los soleanos seises y con triunfales sones regresó por angostas calles la custodia esta vez a San Francisco donde Jesús presidiendo su retablo de mayo esperaba la llegada de su cuerpo vivo. Fue una hermosa mañana de mayo, una hermosa mañana de un jueves que brilló más que el propio sol, en la ciudad más hermosa de la subbética cordobesa, Priego de Córdoba.

A Marta Siles y Nicolás Jiménez.

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