La Fe de mi madre. La Fe de mi abuela

La ermita de Jesús, el paseo, el kiosko del paseo, viajes de niñez, la esquina de la calle Gaitán, la antigua casa familiar, los nardos del patio, historias de la guerra, el bisabuelo, el tío Isidro, el casino del pueblo, mi abuelo y sus hermanos, músicos, las Revuelto, Benavides, los Jiménez, la calle Mesones, la calle Santiago, Santa María de las Flores, la carita de una Virgen niña, la Salud que da los nombres de las mujeres de la familia, los 29 de agosto, los 8 de septiembre, Córdoba, Sevilla, Valencia, Barcelona, Lucena… la diáspora de los malenos. Siempre una estampa en sus cabeceras y en sus corazones, siempre una Niña en trono de Reina, siempre una ráfaga envolviéndola, cuadros gastados por los años y los besos. Antonia, mi abuela, María, Fernanda, Élvira, Lola… tres ya están con Ella. Salud de todo un pueblo, Salud de mi familia materna, Salud, siempre ese nombre en los labios, en las plegarias de mi madre, de mi abuela, de sus hermanas. Salud que es la fe de toda una Villa.

El albero era amarillo, tras los viajes largos subíamos al camarín, Jesús en la capilla inferior presidiendo con la Madre de la Salud el retablo. Ese Cristo que se dice que reflejaba las necesidades de la posguerra, de las gubias de Lastrucci. El kiosko, las patatas fritas del pueblo, un Renault 9 que venía de Valencia a Córdoba y de Córdoba a Posadas, la casa de Isabel y Alejo, la carne de monte, las noches al fresco. Posadas, recuerdos ¡Qué poco has cambiado! Pero lucha por tu Patrona.

Anuncios

Corona Carmelita

Lo bueno, si es breve, dos veces bueno.

Y no es que fuera breve, el año fue intenso pero el motivo central, el día grande, el culmen del sueño fue precisamente como reza el dicho.

¿12 horas de procesión? ¿la máxima pompa y boato? Fue todo medido, justo en el tiempo, elegante, con buen gusto, una corona que no hizo falta volver a fundir en oro nuevo. Hubo estrenos, claro, de un buen gusto exquisito y una obra social que fue la corona más valiosa con la que se coronó la Carmelita Ruteña.

Tuve la suerte de poner imágenes, junto a mi compañero y amigo Joaquín Ferrer, a este justo, medido y elegante acto de Coronación Canónica y he de reconocer que hasta la fecha ha sido uno de los actos en torno a nuestras hermandades y cofradías que más me ha llenado junto a lo vivido en torno a Jesús Nazareno en Priego de Córdoba. Las cosas justas y medidas, no excesivamente adornadas ni artificales son las que encierran dentro de sí toda la esencia. Reitero el sentirme profundamente afortunado de haber formado parte y contar parte de la historia de dos ciudades subbéticas con sobrada historia… cada día amo más esta comarca en la que tengo la suerte de habitar.

Una corona carmelita a la que es Reina Marinera… ENTRE OLIVARES.

Marinera entre Olivares

Un 15 de agosto, Asunción de María, pero en Rute asciende al Monte Carmelo con un santo escapulario, una capa de oraciones, un tierno niño y una corona de amor.

Una Marinera que navega entre Olivares para ascender entre salves, himnos y vítores al Carmelo ruteño de la calle Toledo. Dos semanas atrás, corona de amor, un quince de agosto se cierra el ciclo otro año más pero este, con más intensidad y fuerza si cabe, y la Carmelita ya sueña con otro último domingo de julio y con otro quince de agosto cuando vuelva a ser Capitana de un navío que navega entre olivares en una singladura de fe.

Cabeza Dominica

Dicen que 400 años y nunca procesionó, no lleva un madroño en la mano, lleva la campanita en su mano derecha, el pastor de Colomera oyó un repique de campanas en la lejanía y se encontró con el bendito simulacro, el Chocolatín Bendito, como gusta decir a sus devotos, la Aceituna Bendita y, Ella, en su representación egabrense aparece con esa campanita que recuerda la llamada al pastor.

Sobre un templete elegante que recuerda al templete romero de la patrona de Andújar pero con personalidad propia procesionaba la tarde del 15 de agosto por primera vez en su historia la Virgen de la Cabeza desde la parroquia de Santo Domingo de Cabra. Tremolar de banderas, varas adornadas, bandas sobre el pecho, los vivas y las palmas a la Morenita hizo que nos trasladáramos al Cerro del Cabezo en una tarde agosteña en pleno corazón de la Subbética.

Un 15 del 4

Los nardos preñan el aire serrano de sutil aroma, el sol del mediodía da bronce a tu moreno semblante, brillan aún más el claro azul de tus egipcios ojos. La mísitca diosa de la Montaña Mayor, la que llaman Virgen de la Sierra, sale al sol de agosto a recibir una salve a los pies de su santa cueva, en los miradores, fijando su cristal fino y brillante en su reino terrenal allá en el valle y, allá abajo, ese valle, ese pueblo, espera a su Reina un 4 y Ella un 15, entre Votos y Promesas, ya fija sus ojos en su destino anhelado.