Los nardos preñan el aire serrano de sutil aroma, el sol del mediodía da bronce a tu moreno semblante, brillan aún más el claro azul de tus egipcios ojos. La mísitca diosa de la Montaña Mayor, la que llaman Virgen de la Sierra, sale al sol de agosto a recibir una salve a los pies de su santa cueva, en los miradores, fijando su cristal fino y brillante en su reino terrenal allá en el valle y, allá abajo, ese valle, ese pueblo, espera a su Reina un 4 y Ella un 15, entre Votos y Promesas, ya fija sus ojos en su destino anhelado.

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