Corona Carmelita

Lo bueno, si es breve, dos veces bueno.

Y no es que fuera breve, el año fue intenso pero el motivo central, el día grande, el culmen del sueño fue precisamente como reza el dicho.

¿12 horas de procesión? ¿la máxima pompa y boato? Fue todo medido, justo en el tiempo, elegante, con buen gusto, una corona que no hizo falta volver a fundir en oro nuevo. Hubo estrenos, claro, de un buen gusto exquisito y una obra social que fue la corona más valiosa con la que se coronó la Carmelita Ruteña.

Tuve la suerte de poner imágenes, junto a mi compañero y amigo Joaquín Ferrer, a este justo, medido y elegante acto de Coronación Canónica y he de reconocer que hasta la fecha ha sido uno de los actos en torno a nuestras hermandades y cofradías que más me ha llenado junto a lo vivido en torno a Jesús Nazareno en Priego de Córdoba. Las cosas justas y medidas, no excesivamente adornadas ni artificales son las que encierran dentro de sí toda la esencia. Reitero el sentirme profundamente afortunado de haber formado parte y contar parte de la historia de dos ciudades subbéticas con sobrada historia… cada día amo más esta comarca en la que tengo la suerte de habitar.

Una corona carmelita a la que es Reina Marinera… ENTRE OLIVARES.

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