16 del Carmen

16 del Carmen, dos puntos neurálgicos, la misma advocación en dual devoción.

Desde el antiguo convento carmelita que se encontraba en la Puerta Nueva hasta la Cuesta de San Cayetano en el altozano carmelita.

Una corona rica y una corona de humildad.

Un colegio entero y hábitos carmelitas, una feligresía sencilla y una toca de luna y estrellas.

Dos capas que cobijan, una a multitud de niños y antiguos alumnos, otra a mayores que se aferran a su blanca capa.

Santos Escapularios en ambas manos sagradas. Alonso Gómez de Sandoval nos dejó sus dos niñas, sus dos Cármenes para Córdoba.

Una desde el altozano de San Cayetano y otra desde el antiguo convento que se encontraba en la Puerta Nueva.

16 del Carmen, dos puntos neurálgicos, la misma advocación en dual devoción.

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Carmen a 50mm

Atípica noche de julio, la Virgen del Carmen salía al compás carmelita de Lucena sin calores estivales. Bajo humilde palio, con niño la que es sin niño pero cubriendo bajo su capa a su amplia feligresía. Reina de la Barrera, de las Huertas del Carmen, de la Calle Rute, huérfana de Ella.

Cuadrilla joven, túnicas de santeros, pantalones de medio ancho, botas, horquillas, “almohaillas”, horquillos, santería, escapularios carmelitas.

Mantillas blancas, Ballesteros arriba, las fiestas de la Barrera, sábado del Carmen en Lucena tras una focal de 50mm.

Bienaventurados los humildes

…Porque de ellos es el reino de Dios. Y así Cristo, Humilde, espera martirio de Cruz cuando no mucho tiempo antes de esperar recibir muerte y muerte de cruz, en una muestra de humildad y sencillez extrema se ciñió una toalla en su cintura para lavar los pies a sus discípulos y así se nos muestra en la calle del Agua, de ese agua cristalina y pura que llena su jofaina, hasta la huerta del Carmen donde pensativo queda presto a reicibir su martirio.

El Carmen de Lucena

Sábado 15 de julio, vísperas de la festividad de la Virgen del Carmen, desde el altozano donde se alza el antiguo convento carmelita que corona la Barrera sale a las calles de Lucena en la canícula soporífera del verano una brisa fresca con capa sobre su espalda y un santo escapulario a derramar sus bendiciones entre sus vecinos, hijos y devotos.