Domingo de Cuaresma

Domingo de cuaresma, de nubes negras y lluvia sobre las piedras antiguas. Templos abiertos de par en par, devociones seculares a la veneración de los fieles en piadosos besapies y besamanos. Ni el mal tiempo puede con el peso de las piadosas costumbres desde San Mateo a Santiago, desde Santo Domingo a los Frailes y desde el Valle hasta la Capilla de las Felipenses.

 

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XXV años. El Epílogo.

Volvieron al barrio de Santiago, al 17 de la Calle Ancha. Atrás quedaron los días en Santo Domingo, ante San Mateo el blanco reloj de la torre consistorial marcaba las nueve, la calle flores no se convirtió en esta ocasión en Calle de la Amargura pero ante la Fortaleza Antonia del Castillo del Moral, Cristo encaminó ya sentenciado por Pilatos sus pasos con la cruz hasta el gólgota de su calle. Volvió al 17 de la más ancha de las calles estrechas y allí esperará la visita de cada día, el atisbarlo tras la cristalera cualquier día del año. Todo culminó para que vuelva a comenzar cinco lustros más de historia bajo la mirada del Señor de la Bondad y el dulce sollozo de María Santísima del Divino Consuelo.

XXV años, en Santo Domingo.

Y de las Filipenses llegó hasta Santo Domingo y allí, en lugar de privilegio, presiden la parroquia. Un sencillo altar pero elegante, íntimo, recogido, sólo un foco pone luz a la triple escena en una. Todo en su justa medida para llamar a la oración, al recogimiento, en una iglesia en penumbra donde sólo Ellos brillan al fondo bajo la atenta mirada de la Inmaculada que preside el retablo mayor. El escudo del Huerto, cofradía hermana del día, preside el dosel porque la fraternidad entre hermanos es a lo que estamos llamados según el mensaje de ese que que reparte Bondad camino del Monte Calvario y que en Getsemaní lloró lágrimas de Agonia inyectadas en sangre por la aceptación de redimirnos. Todo está dispuesto esta semana, aún tienen tiempo de dejar un padrenuestro y una salve a los Sagrados Titulares de la Hermandad de Nazarenos del Sagrado Encuentro, nunca es tarde si la dicha es buena.

XXV años encontrándose con Lucena

Fue en 1992 cuando en la Parroquia de Santo Domingo daba esta hermandad, ya indispensable y con un peso considerable en la Semana Santa lucentina, sus primeros pasos. Una hermandad que apostó fuerte cuando se trasladó a la capilla del convento de las RR.MM Filipenses evitando así, quién sabe, que esta coqueta capilla fuera presa de la piqueta que tanto daño hizo a Lucena entre los setenta y los ochenta.

En 1996 llegaba el gran regalo y el gran anhelo para su Hermandad y no menos aún para Lucena entera, se bendecía la imagen por la que tanto suspira su Hermandad, el Señor de la Bondad y con la que este que escribe se siente tan unido, no hace falta que vuelva a explicar los motivos y, desde su llegada, un vínculo especial nos une a ambos. En 1997 llegaba la dulce imagen de la Virgen del Divino Consuelo acompañada con San Juan y tampoco tardó en prender en los corazones de sus hermanos y del pueblo. Hoy en día la Semana Santa lucentina no se entendería sin un Domingo de Ramos con la Hermandad de Nazarenos del Sagrado Encuentro bendiciendo sus calles y en tan corta trayectoria de tiempo se ha ganado un puesto indispensable en la nómina de la Semana Santa de la ciudad, siendo una hermandad viva, joven y madura a la vez, creciente, haciendo las cosas de una manera seria, mejorando día a día, año a año y enamorando a cada vez más gente pero eso lo tiene muy fácil esta Hermandad porque sólo hay que mirar a los ojos de Jesús de la Bondad y el dulce llanto de la Virgen del Divino Consuelo para querer quedarse siempre en el brillo de sus miradas.

25 años después, la Hermandad, vuelve a sus orígenes aunque sólo sea durante una semana y aquí una pequeña galería en blanco y negro del solemne traslado de la IV estación del vía crucis desde su sede canónica hasta la parroquia dominica.

Miscelánea de Pasión (II). Lucena.

Fue una Semana Santa intensa; diferente ,ya dije, pero intensa. En mis 22 años cumplidos viviendo en Lucena todavía había días de su Semana Santa que se me escapaban, entre ellos: Domingo de Ramos y Martes Santo. Este año, por circunstancias, pude vivirlos. Para mí, como ya dije, fue extraño variar mis costumbres pero por otra parte la situación me hacía especial ilusión y, he de decir, que no me defraudó.

Tres cofradías el Domingo de Ramos y un momento, para mí, el más especial que fue cuando el Señor de la Bondad y yo nos encontramos en la calle, nos debíamos un Domingo de Ramos; Él y yo somos iguales de viejos habitando la ciudad y para mí es especial.

El Martes Santo fue una jornada hermosa e intensa con las tres cofradías que pisan los adoquines de la ciudad ¡Cuán maravillosa imaginería nos viene desde la Parroquia del Carmen¡ Lucena, por Dios ¿sabes lo que viene desde allí? tres maravillosas obras. Humillado en su Mayor Dolor por la cuesta del Castillo y siguiendo tal martirio la dolorosa de Blas Molner, la de la Orden Tercera, Dolores Servitas. Amor y Paz y entre medio Crucifixión donde una barrena perfora la cruz.

Jueves de madrugada con ronco tambor, toque de oración y blancos enlutados ¡Qué sencillez tan perfecta¡ y Cristo repartiendo sus últimas gotas de Salud con infinita Misericordia.

Sábado, señorío en Santiago, enlutada Soledad… preludios de Gloria ya de Madrugada.

Domingo ¿todo acaba? No, todo empieza y cobra sentido. Triunfante Resurrección en los claros ojos de la Reina de los Ángeles.

Atrás quedó el Viernes, el Viernes con mayúsculas, cuando Lucena es más Lucena pero permítanme que el Viernes de Lucena tenga un capítulo a parte…

Miscelánea de Pasión según Lucena…