Confesor

Y no hay mejor confesor ni confidente, un martes de penitencia en las naves de San Pedro Mártir que Tú y sólo Tú, Jesús Nazareno.

 

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El Domingo del Señor

Todo llevaba a la Capilla, al Llanete de las pasiones y las devociones, de nada importaba que lloviera, todo el itinerario culminaba en el Llanete de la Capillita. Un recorrido de Ángeles, de Amor, de Consuelo Divino, de Soledad allá por Santiago para maniatado y Preso, por la calle Navas subir la calle Curados y culminar allí, ante el Viejo de las Espigas, ante el Señor, ante Jesús, ante el divino Nazareno. Sí, todo el recorrido del quinto Domingo de Cuaresma era un recorrido para llegar a Ti, besar tu pie, mirarte, rezarte, implorarte perdón y sentir tu primera bendición.

Miserere mei Deus

Cinco días para redimir nuestras faltas, quinario en San Pedro Mártir. Los ritos se repiten antes del domingo de Perdón y bendición. Miserere mei Deus tras cada misa, olor de los pebeteros, la cruz de plata y la túnica de los racimos. Todo está dispuesto, la espera va terminando, Lucena ya te está esperando.

 

Semblanza Nazarena.

Este torpe servidor que intenta plasmar la verdad y la esencia de lo importante para la fe de un pueblo se ve incapaz de explicar lo que significa el Viernes, el de la primera letra mayúscula en el cual comienza la verdadera Vía Sacra lucentina -como dijera mi buen amigo el “Comandante” Joaquín Ferrer- y como no soy capaz de poner palabras torpes a lo que viene a significar la mañana de ese día con mayúsculas donde Lucena se reencuentra consigo misma pues prefiero que hablen las imágenes y callen las palabras.

Semblanza Nazarena…