Lucena se queda en silencio.

Sí, bien podría titularse así tu despedida. Aunque la letra no se compuso para tí puesto que Senderos la compuso para la ida de su Patrona desde Almonte hasta la aldea de su nombre, algo que ocurre cada siete años, esa misma letra, ese mismo estribillo tan melancólico y triste se puede aplicar a tu partida hata casa Serrana, eterna Señora de Aras y, este estribillo, reza así:

¿Por qué te vas Madre mía?

es tu ausencia mi lamento

¡Qué triste es la despedida!

Lucena se queda en silencio

porque te llevas mi vida.

No hay mejor manera de definirlo, los muros de San Mateo se quisieron hacer más pequeños para retenerte y el altar mayor queda vacío y oscuro porque ni toda la grandeza de Jerónimo Hernández ni de Juan Bautista Vázqez “El Viejo” igualan tu luz y tu grandeza. Las calles se abren para tí, luminosas y a la vez tristes y hasta los cantes, por mucha alegría que se derrame en ellos, son nostálgicos. Todo es nostalgia tras tu partida y la Plaza Nueva lo sabe bien soñando ya con otro mes de Mayo y tu puerta que no es puerta, de la Mina, que en su encalada pared refleja tu sombra cuando vuelves de Pastora.

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