XXV años. El Epílogo.

Volvieron al barrio de Santiago, al 17 de la Calle Ancha. Atrás quedaron los días en Santo Domingo, ante San Mateo el blanco reloj de la torre consistorial marcaba las nueve, la calle flores no se convirtió en esta ocasión en Calle de la Amargura pero ante la Fortaleza Antonia del Castillo del Moral, Cristo encaminó ya sentenciado por Pilatos sus pasos con la cruz hasta el gólgota de su calle. Volvió al 17 de la más ancha de las calles estrechas y allí esperará la visita de cada día, el atisbarlo tras la cristalera cualquier día del año. Todo culminó para que vuelva a comenzar cinco lustros más de historia bajo la mirada del Señor de la Bondad y el dulce sollozo de María Santísima del Divino Consuelo.

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