Color de Corpus

Hay procesiones del Corpus Christi fastuosas con un aparataje y una puesta en escena milimétricamente cuidadas, con altares grandiosos donde las mayordomías y priostías de las hermandades emplean una noche entera en su elaboración y montaje, hay cortejos interminables cuajados de varas, chaqués, desfile de vanidades, cirios, gomina en cantidades industriales, patillas afiladas, zapatos caros, medallas relucientes, pechos hinchados, custodias monumentales, obispos saludando y anillos besados, procesiones, en definitiva, que son una auténtica obra de teatro sacro en la calle.

Hay procesiones del Corpus Christi sencillas con altares pequeñitos, domésticos, elaborados con mimo y cariño con cortejos pequeñitos y donde el desfile es menos vanidoso y ostentoso, donde la custodia va en sencillas andas a hombros de sencillos hombres, donde el párroco lleva una vara labrada e inciensa cada altar por donde la custodia va parando, sencillas procesiones pero que nada envidian en belleza a esas fastuosas procesiones antes nombradas, donde un pueblo entero vuelca su amor en alfombrar las calles de color, dando formas caprichosas al sencillo serrín tintado, prensado, elaborando dibujos durante un día entero donde un pueblo chiquitito se convierte en una paleta de color que ni el mejor pintor imagina. Pueblecito blanco de cal, de cuestas escalonadas, de gentes sencillas donde todo en su justa medida hace maravillarse a cualquiera con una mínima de sensibilidad. Un pueblo de la Subbética cordobesa, no podía ser otro lugar, Carcabuey donde el color de la primavera tiene color de Corpus.

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Campanas de Junio

Una mañana de domingo, con campanas de junio llamando a hincar la rodilla en tierra ante su Sagrada Majestad. Campanas de junio llamando vestidos blancos, a marineros y almirantes para custodiar el paso del Rey Celestial. Campanas de junio repicando a júbilo cuando por la puerta de la Asunción asoma la hermosa custodia sacramental. Aromas de incienso ante cada altar. Alabado sea Jesús Sacramentado, sea por siempre bendito y alabado una y otra vez como un rosario desgranado. Campanas de junio para que las espigas se vuelvan morenas y las vides derramen su sangre bendita en forma de racimo. Campanas de junio para que vengan cielos azules. Campanas de junio por San Juan de Dios. Campanas de junio subiendo la calle Mayor. El Corpus, en Cabra, al son de campanas de junio.

 

4 de septiembre

La tradición marca el día par a la hora par, del día par a la fiesta grande se suceden dos números pares más. Todo es en cuatro y en ocho y la distancia es otro cuatro, dos veces par.

El cuatro del mes de la Natividad de María, a las cuatro del sol más alto. El calor la arropa, en el ambiente y en su gente. El paisaje, puro, verde y amarillo, de la sierra al olivar. El camino, el camino duro de polvo y pendiente. La nube, se alza como ofrenda de amor y envuelve sus andas. Los cordeles con los cuatro colores, verde, amarillo, rojo y blanco, todo es cuatro, todo es par. La Señora, de color moreno y azul de cielo en sus ojos nos muestra al único Rey, al único ante el que hay que hincar la rodilla. La viñuela es la oración del jinete, en los colchones el agua calma las gargantas secas por las promesas, en la blancura, todo es salve de padre e hijo, oración cantada templada por una sonanta en la voz de dos hermanos y mujeres de Ella. En Góngora, se añora una voz. En los cordeles, los que precisan salud desde la lejanía le lanzan su beso y su plegaria y la bandera ya revolea y la barriada es una fiesta y las flores, las flores son de Ella. El cambio, los nardos nuevos, la misa y Cabra espera en los arcos de la calle Baena y allí se proclamará de nuevo alcaldesa y sonarán los himnos como tributo a su realeza y las coplas se desgranarán San Martín abajo y la Plaza Vieja y la Mayor de las calles que hasta la Asunción llevan y de nuevo una salve y un templete de plata espera, de nuevo pasarán cuatro días, cuatro días de espera y el ocho, que es dos veces cuatro, por la puerta de la Iglesia se dibujará tu realeza.

Cabra vuelve a ser Cabra y ya despierta de un año de larga espera.

 

Votos y Promesas a la Divina Serrana.

CIV años, se dice pronto, romería auténtica con una medida justa. Las misas, la bandera, la salida de la Virgen, la mesa de mandas, las velas, los votos y las promesas.

Cabra se rinde a sus plantas y ya se presiente su venida cuando a las cuatro de la tarde de un cuatro de septiembre esos votos y esas promesas se conviertan en un río interminable entre polvaredas de devoción que desembocará en una ciudad que la espera, como ayer, como hoy y como lo hará siempre.

Esencia pura, autenticidad pura… Romería de votos y promesas a María Santísima de la Sierra.

El Corpus en la Subbética

Comarca de raíces y tradiciones arraigadas, únicas, genuinas, con personalidad, algo que está en franca decadencia en muchos lugares.

Magnífico el Corpus por las calles de Priego, la ciudad en sí ya es un deleite para los sentidos. La alfombra de serrín en el ayuntamiento, las calles estrechas de cal y flores de la Villa, la maravillosa fábrica de la Parroquia de la Asunción.

Recoleto y coqueto, colorista y alegre el Corpus en Carcabuey, preciosa custodia que da cobijo al viril, calles alfombradas de color, altares domésticos y capillas abiertas de par en par para recibir al Santísimo. Todo recogido e intimista, digno de ser visto y admirado.

Custodia magnífica que da cobijo al Señor en Cabra, la cordobesa. La calle Mayor, los colores de la Virgen, la banda municipal de Cabra y el magnífico paso de la custodia.

Tres localidades de la Subbética y tres maneras diferentes de celebrar la festividad del Corpus.