Lunes de Pentecostés

El Rocío es mentira, allí se va a lo que se va.

El Rocío es vino y juerga.

El Rocío es comer y bailar.

El Rocío es señoritos a caballo.

El Rocío es sólo fanfarronear.

El Rocío, El Rocío vale más que todos vosotros, sólo su nombre vale más que toda vuestra palabrería. El Rocío es tan grande que hasta vosotros tenéis cabida.

No habéis conocido el escalofrío de la mirada de la Virgen ni lo conoceréis porque vuestro corazón es de puro hielo y del más malo de los venenos, vosotros mismos os envenenáis con vuestra sangre.

El Rocío es un silencio que recorre la marisma cuando el Simpecao de Almonte asoma por la explanada. El Rocío es la tensión de unos hombres apiñados en una reja. El Rocío es ver como la noche no puede ante su luz. El Rocío es el dulce sonido de la gaita llamando al alba. El Rocío son más de 100 salves emocionadas. El Rocío es la salve de las camaristas. El Rocío es el primer rayo de sol besando el nácar de su cara. El Rocío son las lágrimas derramadas en cada instante fugaz de su paso. El Rocío es el niño que va en volandas hasta posarse en su paso. El Rocío es un barquito velero sobre un océano de Fe. El Rocío es Almonte. Almonte es El Rocío. El Rocío es los hombros de los almonteños. El Rocío es una oración hecha sevillana lenta y “sentía”. El Rocío es sentir el cansancio esperando su entrada en la ermita. El Rocío es una ermita llena de arena. El Rocío es un altar vacío y un santuario de par en par abierto. El Rocío es la vela que se quema en oración. El Rocío es una mirada baja. El Rocío son cinco letras que sin saber ni cómo ni porqué te enamoran para toda la vida.

El Rocío sólo eres Tú, ROCÍO…

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