XXV años. El Epílogo.

Volvieron al barrio de Santiago, al 17 de la Calle Ancha. Atrás quedaron los días en Santo Domingo, ante San Mateo el blanco reloj de la torre consistorial marcaba las nueve, la calle flores no se convirtió en esta ocasión en Calle de la Amargura pero ante la Fortaleza Antonia del Castillo del Moral, Cristo encaminó ya sentenciado por Pilatos sus pasos con la cruz hasta el gólgota de su calle. Volvió al 17 de la más ancha de las calles estrechas y allí esperará la visita de cada día, el atisbarlo tras la cristalera cualquier día del año. Todo culminó para que vuelva a comenzar cinco lustros más de historia bajo la mirada del Señor de la Bondad y el dulce sollozo de María Santísima del Divino Consuelo.

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XXV años, en Santo Domingo.

Y de las Filipenses llegó hasta Santo Domingo y allí, en lugar de privilegio, presiden la parroquia. Un sencillo altar pero elegante, íntimo, recogido, sólo un foco pone luz a la triple escena en una. Todo en su justa medida para llamar a la oración, al recogimiento, en una iglesia en penumbra donde sólo Ellos brillan al fondo bajo la atenta mirada de la Inmaculada que preside el retablo mayor. El escudo del Huerto, cofradía hermana del día, preside el dosel porque la fraternidad entre hermanos es a lo que estamos llamados según el mensaje de ese que que reparte Bondad camino del Monte Calvario y que en Getsemaní lloró lágrimas de Agonia inyectadas en sangre por la aceptación de redimirnos. Todo está dispuesto esta semana, aún tienen tiempo de dejar un padrenuestro y una salve a los Sagrados Titulares de la Hermandad de Nazarenos del Sagrado Encuentro, nunca es tarde si la dicha es buena.