Penúltimo domingo de abril.

Tú traes los cantos.

Tú traes los himnos.

Tú traes las flores.

Tú traes lo vítores.

Tú traes los besos.

Tú traes los ruegos.

Tú traes primavera.

Tú traes las tardes sin fin.

Tú traes el sol.

Tú traes la visita diaria.

Tú traes las salves.

Todo lo traes Tú, prendido en tus tirabuzones, el penúltimo domingo de abril.

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El Ara que bajó del Cielo a Lucena.

“Aracoeli” Altar del Cielo, Araceli. Yo me pregunto si existe advocación y nombre más bello para una Madre, Altar del Cielo, y puestos a pensar verdaderamente eres verdadero Altar, María, que en Lucena eres del Cielo. Araceli, se llena la boca con tu nombre y es el verbo y la plegaria que en Lucena las madres transmiten a los hijos generación tras generación. El Ara que bajó del Cielo, el Altar del Cielo, el Aracoeli, Araceli y, sí, en esa tarde abrileña cuando el sol va languideciendo buscando dar paso al manto añil de las primeras horas del crepúsculo, Tú, que eres Ara, bajas del Cielo de cal de tu pequeño joyero allá en la cima hasta el corazón mismo de Lucena. Cada año eres el Ara que baja del Cielo a Lucena y así desde 1562.

Calles que se convierten en sagradas cuando Tú pasas por ellas. La Puerta de la Mina te recibe bulliciosa y alegre, San Juan de Dios y sus ancianos a los que das consuelo, Maquedano que es río no por el nombre de su calle sino por tus hijos que junto a Tí, que eres la nave y el timón, desembocarán por el Coso y la Calle Santa Catalina, dejando atrás a las Madres Agustinas, a la inmensa bahía de la Plaza Nueva por la calle de las Torres y, al fondo, el puerto  que espera el final de la singladura, San Mateo. Atrás quedará en la tarde el esfuerzo de hombros santeros, la alegría de tus damas, la tristeza de las que ya pasaron el testigo de todo un año a tu nueva corte, los cantes “abandolaos”, los vivas y los vítores y el centro de todo será San Mateo, el puerto donde Lucena acude a saciar su sed, sólo su sed, porque el fuego nunca se podrá apagar pues Lucena siempre se está quemando por tu amor en oraciones.

Nace risueña la mañana

“Nace risueña la mañana perfumando el ambiente de azahares” así reza la copla serrana que año tras año se graba a fuego en el corazón de una ciudad que espera a su Reina la cual viene ataviada de Gran Dama, con sus ropas de viaje, que aquí gustamos llamar de Pastora para emprender el anual viaje que la llevará desde su joyero encalado de la Sierra que no es Sierra y del Monte que no es Monte porque es atalaya de devociones hasta la gran casa de San Mateo donde recibirá amores, súplicas, gracias, llantos y hasta alguna que otra regañina cariñosa de sus fieles hijos porque Ella, aún siendo reina, no tiene subditos sino hijos que la adoran como la más dulce y buena de las Madres.

Porque como dice el estribillo de la copla, Señora:

“A la Sierra de Aras

sube la gente

y en mitad del camino

hay una fuente.

Si no la hubiera

si no la hubiera

por rezarle a la Virgen

también subiera”.

La Gran Romería Aracelitana que raya la tarde de Abril, entre nubes blancas, sol escondido y brisa serrana. La Gran Romería Aracelitana con perfumes de jaras, lentiscos, romero y tomillo. La Gran Romería Aracelitana que torna en broncíneo el sereno rostro de las muchachas lucentinas y que encalla en amores los hombros de los hombres de esta tierra que te quieren y te veneran, a la manera santera, como mandan las normas de Lucena. Vuelve Araceli, vuelve, siempre rayando Abril a las puertas de un Mayo que se abre por y para Tí.