El Ara Sagrada

El Ara Sagrada bajó del cielo y se nos mostró alba aún en la oscura madrugada, con Ella vino el día, entró el sol a besarla a través de la puerta porque no pudo permitir que el primer beso fuera terrenal y, así, se desgranaron los besos en su manos un segundo domingo de mayo.

 

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Bajo un manto de Soledad

Yo, disculpen esta entrada tan ególatra, cada vez que clavo mis ojos en sus manos, en su boca y en su triste mirada nunca puedo dejar de estremecerme. Sí, dolorosas hay muchas, bellísimas, místicas, con unción sagrada, con peso devocional pero vos, Soledad, no sois de este Mundo. Sois la Virgen más humana y más divina a la vez que mis ojos puedan contemplar, siempre que poso mi mirada ante vos un escalofrío recorre mi espina dorsal pero el tenerla a vos tan cerca, abajo, pisando suelo terrenal, que no cielo devocional, ese escalofrío se intensifica por setenta veces siete.

Soledad, bajo un manto de Soledad, siempre rodeada de tanta gente pero tan sola, en el fondo de tu corazón tras esas manos entrelazadas siempre tan sola, siempre, bajo un manto de Soledad.

La Virgen de la Capilla

La Virgen de la Capilla el último domingo de septiembre presidiendo como soberana del lugar la iglesia de San Pedro Mártir, la Señora del Viernes Santo lucentino, la que acompaña a su hijo camino del calvario y la que le da sepultura en la tarde ya marchita de un Viernes con mayúsculas, triste y nostálgico. La del llanto quebrado, la del sollozo interminable, la de las manos encrespadas y la rosa prendada. La del dulce dolor y la infinita belleza. Sólo Ella, la Virgen de la Capilla, el Socorro de María en una tarde novicia de otoño.

 

Madre.

Un día hablando con un muy buen amigo nos preguntábamos el misterio que hace que la Virgen atraiga hacia Ella a tantísimas personas, hombres, mujeres, jóvenes, niños, mayores. Personas que, muchas de ellas, no pisan las losas de la iglesia salvo en estos días de mayo en los que la Virgen está en San Mateo y, hablando largo y tendido sólo supimos dar una respuesta y no es otra que esta: Madre.

Muchos de nosotros, creo que prácticamente todos, cuando nos acercamos a San Mateo en estos días no vemos sólo la imagen de la Virgen sino que vemos también a la Madre, los que aún tenemos a la nuestra aquí la vemos como la Madre espiritual que también cuida de nosotros y para los que ya no tienen a su madre entre nosotros ven en el rostro de la Virgen a su Madre, que seguro ya goza de su presencia allá donde estén.

Por eso Araceli es la Madre que viene una vez al año a visitar a sus hijos y sus hijos acuden prestos y raudos a su llamada.