La noche del Aracoeli.

… Y el sol se fue y te besó antes de irse, y el añil llegó y puso la color en el ambiente bañando tu camino, efímero el añil pero llegó y contigo se quedó ese instante fugaz. El añil se fue y llegó la oscuridad queriendo imponer su manto y su negrura pero no pudo competir contigo, Velón de mil corazones, Faro encendido en el cabo de la vida. No pudo la negrura imponer su oscuridad y Tú brillaste, brillaste, brillaste y nada apagó tu Luz, aquella Luz que contigo traías desde que se abrieron las puertas, la luz nunca cesó y la noche se resolvió en tu Luz, Araceli, hasta tornarse multicolor. Ese milagro ocurre cada primer domingo de Mayo… La noche del Aracoeli.

Anuncios

La Luz del Altar del Cielo.

La Luz que va contigo es luz postrera de Domingo, la que lucha por penetrar las puertas de San Mateo cuando éstas, solemnes, se abren a las seis de Tu tarde y briegan y pelean por iluminar tu rostro. Esa luz que alcanza su cénit cuando atraviesas el dintel de la Mole pétrea de tu Catedral y rivaliza con los calados de tu palio de malla para colar algunos de sus rayos los cuales consiguen besar tu cara. La luz que no quiere morir en tu Día sin besar a la verdadera Luz que va sostenida en tu brazo izquierdo como Cordero Divino entregado a su Pueblo para redención eterna, la luz que no quiere irse y dar paso al añil del crepúsculo y a la tenue luna en manto de estrellas sin acariciar el rostro de la Diosa de los corazones que se están quemando por tu amor en oraciones. Tú, que eres portadora de Luz, eres besada postreramente por ese sol que antes de apagar sus rayos los lanza con más fuerza aún si cabe para rendir tributo de luz a la que es Luz de todas las Generaciones.

Felicitación a son de Campanilleros.

A las doce, el hermano mayor de la Venerable Cofradía de María Santísima de la Aurora realizaba la llamada en la puerta de San Mateo para tras pedir audiencia con una copla del coro de campanilleros las mismas se abrieran de par en par y así, con los dos faroles de estrella, llegar hasta las plantas de María Santísima de Araceli y felicitarla en los primeros minutos de su Santo Día. Acto este que cada año concentra a más y más personas a las puertas de San Mateo y abarrotando las naves de la Catedral de la Subbética para ser partícipes de la primera felicitación al Aracoeli, la cual culmina con el rezo de la salve y el canto del himno dando paso a la emoción contenida en forma de los vivas a la forma y manera de esta bendita tierra.

Día de Flores, Sábado de ofrenda.

A las seis y media, con la calor sofocante, empezaban a llegar las primeras cestas, canastitos y ramos al Paseo de Rojas, el antaño Jardín de Lucena, para en un inmenso río perfumado con la flor en el que se convirtió la Calle del Peso llegar hasta esa desembocadura de la Plaza Nueva donde espera el faro siempre encendido del Altar del Cielo.

Un Alegato a modo de Pregón.

Un pregonero diferente, un mensaje claro, preciso y contundente. No hicieron falta grandes alharacas ni adornos, no hicieron falta tapas de terciopelo y apliques de orfebrería, sólo una simple carpeta azul con sus dos gomas. Como mis palabras son torpes, les dejo con la Salutación con la cual el pregonero inició su proclama. Lean y juzguen ustedes mismos.

Gracias, compañero, Manuel González por hacerme llegar esta maravilla de salutación, valiente y sin complejos.

SALUTACIÓN

                  Virgen de Araceli, Madre nuestra y Madre de todos los hombres:

de los creyentes y de los lejanos que, tal vez –sin saberlo- quisieran creer

de los pobres, y también de los ricos;

de los tolerantes, y de los fanáticos;

de los inocentes, y también de los culpables de todo o, tal vez, de nada;

de los terroristas, de sus víctimas y de quienes les combaten;

 MADRE:

de los matrimonios, de los divorciados vueltos a casar  y de los que simplemente conviven;

 MADRE:

de los que practican, en todo momento y circunstancia, la defensa de la vida –de cualquier vida- y de quienes la matan –haciéndolo, permitiéndolo o favoreciéndolo- desde la misma concepción o precipitando dulcemente su final;

 MADRE:

de los de una u otra orientación o práctica sexual;

de los drogadictos, alcohólicos, prostitutas y marginados y de los que explotan, propician o no impiden esas situaciones;

de los que no tienen techo, y también de los que viven en palacios;

de los hambrientos de pan y cultura, y de los que están saciados de todo;

MADRE:

de los sin nombre y sin rostro, y de los famosos;

de los que te aclamamos y vitoreamos, pero no seguimos las enseñanzas de Jesús, tu Hijo;

de los que nos llamamos y, de verdad, queremos ser hijos tuyos, aunque te hayamos desfigurado tanto, tanto, hasta hacerte irreconocible;

MADRE:

de los privados de libertad –justa o injustamente- aún por los delitos más abominables;

de quienes –según nuestra moral e inapelable juicio- “viven en pecado”;

MADRE:

de aquellos –o aquellas- que, estimando que la imagen de tu Hijo en la Cruz pueda ofender a alguien, ordenan retirarla de despachos oficiales, olvidando que el Crucifijo es símbolo de entrega y de amor, como recordó el profesor Tierno Galván –agnóstico confeso- al disponer mantenerlo en su propia mesa de trabajo cuando ocupó el despacho como alcalde de Madrid;

MADRE:

de los emigrantes;

de los refugiados y de quienes les acogen;

MADRE:

de los cuatro millones y medio de sirios desplazados y de los miles de niños refugiados desaparecidos;

de los niños de la calle y de los que mueren en la playa;

de todos los niños, sea cual sea su origen o la forma en la que hayan sido engendrados o concebidos;

MADRE:

“aún de aquellos que ignoran que son hijos tuyos”, según enseñó el papa Pablo VI en su Exhortación apostólica “Marialis Cultus”, de 2 de febrero de 1974;

MADRE:

incluso de los que un día del pasado febrero –de palabra o con el cobarde silencio- te ofendieron en el Salón de Ciento del ayuntamiento de Barcelona;

MADRE:

de quienes dudan de tu virginidad, llegando a negarla;

de los que no te reconocen como Madre de Dios;

MADRE:

de la MISERICORDIA: así te invoca el papa Francisco en su bula “Misericordiae Vultus“,  de 11 de abril de 2015, convocando el Jubileo Extraordinario de la Misericordia  que este año celebramos;

MADRE Y SEGUIDORA:

del subversivo, revolucionario y rebelde Jesús;

MADRE:

de las víctimas y familiares de los recientes terremotos en Japón y Ecuador;

MADRE:

de los vivientes;

MADRE:

de toda la familia humana.

12 imágenes para una proclamación.

Hace unos meses muchos creían que este momento no iba a llegar o, tal vez, se antojaba muy complicado y a nadie ha sido ajeno el hecho preocupante de la ausencia de candidatas para ser proclamadas Aracelitana y damas de honor en estas fiestas que nos ocupan.

En fin, no seré yo quien entre a valorar las dificultades que entrañan cada año el hecho de formar una corte aracelitana lo suficientemente representativa en número porque es algo que desconozco y que a mí, personalmente, no me toca entrar a valorar aunque si es cierto que hay personas tanto a favor de esta tradición que se iniciara, si no ando errado, allá por 1948, glorioso año de la Coronación Canónica de la Patrona de Lucena, y que ha seguido perdurando en el tiempo hasta las fechas actuales y gente en contra porque ven en ello una tradición obsoleta y que no se ciñe al papel actual que ocupa la mujer en la sociedad. En fin, yo a este parecer, sólo puedo decir que una tradición que no pretende ofender ninguna sensibilidad  y en la cual las mujeres que forman parte de ella lo hacen libre y voluntariamente y con una ilusión enorme nada de malo puede tener pero, a fin de cuentas, ni soy un defensor a ultranza de una costumbre que data de mediados del siglo XX ni tampoco un detractor pero sí es cierto que unas fiestas aracelitanas tal y como hoy las concebimos sin una corte de damas de honor y una aracelitana mayor serían, cuanto menos, extrañas y con gran parte de su esencia guardada en un cajón.