Miserere mei Deus

Cinco días para redimir nuestras faltas, quinario en San Pedro Mártir. Los ritos se repiten antes del domingo de Perdón y bendición. Miserere mei Deus tras cada misa, olor de los pebeteros, la cruz de plata y la túnica de los racimos. Todo está dispuesto, la espera va terminando, Lucena ya te está esperando.

 

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La Virgen de la Capilla

La Virgen de la Capilla el último domingo de septiembre presidiendo como soberana del lugar la iglesia de San Pedro Mártir, la Señora del Viernes Santo lucentino, la que acompaña a su hijo camino del calvario y la que le da sepultura en la tarde ya marchita de un Viernes con mayúsculas, triste y nostálgico. La del llanto quebrado, la del sollozo interminable, la de las manos encrespadas y la rosa prendada. La del dulce dolor y la infinita belleza. Sólo Ella, la Virgen de la Capilla, el Socorro de María en una tarde novicia de otoño.

 

Semblanza Nazarena.

Este torpe servidor que intenta plasmar la verdad y la esencia de lo importante para la fe de un pueblo se ve incapaz de explicar lo que significa el Viernes, el de la primera letra mayúscula en el cual comienza la verdadera Vía Sacra lucentina -como dijera mi buen amigo el “Comandante” Joaquín Ferrer- y como no soy capaz de poner palabras torpes a lo que viene a significar la mañana de ese día con mayúsculas donde Lucena se reencuentra consigo misma pues prefiero que hablen las imágenes y callen las palabras.

Semblanza Nazarena…