Camino

Camino: Dirección que ha de seguirse para llegar a algún lugar.

Así lo define el diccionario de la rae, pobre definición para este camino, para este caminar, para este peregrinar. Así lo definiría yo:

Camino: Sendero duro de amor sembrado, abrazos compartidos, hermandad, cantes sentidos, salves, misas al caer la noche, rosarios susurrados, oraciones prendidas, pies doloridos, carreteros emocionados, sonantas templadas, caballistas cabales, voces rotas, emociones a flor de piel, siete escalones, la primitiva, agua bendita, vivas sinceros, una carreta de plata y un simpecao encarnado, compartir, las ruedas de la carreta, la noche en la pará, cintas celestes en los sombreros. Camino, no es sólo una dirección a seguir para llegar a algún lugar, ni caminar es la acción de andar para hacer camino, todo ello es mucho más puro y sincero que eso y, con Lucena, cobra todo su sentido.

 

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La Madre y Maestra se echó al Camino.

Muchos me tacharán de loco o trasnochado por este título pero ¿acaso falto a la verdad? con sus defectos y sus enormes virtudes, que se han ido trabajando año a año con esfuerzo, tesón y dedicación, la Madre y Maestra de las hermandades filiales cordobesas se echó al camino. La que allá por 1972 abriera las puertas de Córdoba en el Rocío y que, tras ella, volvería tras años de historia olvidada, allá por 1979, la filial capitalina de la cual, Lucena, es Madrina.

Sí, la Madre y Maestra se echó de nuevo a caminar llenando de alegría una mañana gris y fría que fue tornando a un tímido sol que calentó los sombreros de ala ancha, las chaquetillas, las flores como tocado y los trajes de flamenca.

La Madre y Maestra de nuevo echó a caminar no sin antes pedir protección a la que llevan a gala por los senderos de arena, los ríos, los pueblos y la propia Aldea, María Santísima de Araceli. Porque los rocieros de Lucena quieren a la Madre de Dios de tal manera que en la Marisma la llaman Rocío y el resto del año, Araceli. Dos Madres tienen los rocieros de Lucena que siempre se torna en una porque de Rocío y Araceli llenan el corazón los rocieros de Lucena.