Confesor

Y no hay mejor confesor ni confidente, un martes de penitencia en las naves de San Pedro Mártir que Tú y sólo Tú, Jesús Nazareno.

 

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Miserere mei Deus

Cinco días para redimir nuestras faltas, quinario en San Pedro Mártir. Los ritos se repiten antes del domingo de Perdón y bendición. Miserere mei Deus tras cada misa, olor de los pebeteros, la cruz de plata y la túnica de los racimos. Todo está dispuesto, la espera va terminando, Lucena ya te está esperando.

 

Iesus Nazarenus, Rex Iudaeorum

Domingos de mayo en Priego pero, entre todos, uno reluce con especial fulgor y es el domingo en el que el Rey del lugar toma las calles de su reino.

Ni Patria, ni Obispo porque la única reverencia que se le rinde es al único Rey, al Rey de la ciudad el cual predicaba que su reino no era de este mundo. Nada distrae de lo verdaderamente importante, esa melena derramada sobre el rostro que gubiara Pablo de Rojas y una cruz de taracea que pesa sobre su hombro mientras es acariciado el suplicio por manos de tierna mansedumbre.

Domingo de Jesús, domingo de mayo. Priego y su Nazareno.

Semblanza Nazarena.

Este torpe servidor que intenta plasmar la verdad y la esencia de lo importante para la fe de un pueblo se ve incapaz de explicar lo que significa el Viernes, el de la primera letra mayúscula en el cual comienza la verdadera Vía Sacra lucentina -como dijera mi buen amigo el “Comandante” Joaquín Ferrer- y como no soy capaz de poner palabras torpes a lo que viene a significar la mañana de ese día con mayúsculas donde Lucena se reencuentra consigo misma pues prefiero que hablen las imágenes y callen las palabras.

Semblanza Nazarena…

Miscelánea de Pasión (I). CÓRDOBA.

Fue una Semana Santa, para mí, atípica pero no por ello ausente de sensaciones y emociones diferentes. Catedral, pese a todo el revuelo, hubo lo justo porque cada calle de Córdoba es un templo cuando el Señor y su Madre en cualquiera de sus advocaciones pasean su gloria, su dolor y su quebranto por los adoquines de la ciudad.

Empezó en las vísperas con un traslado recogido, el de la Señora de Córdoba hasta su paso, luego por Cañero la imponente figura del Señor Afligido, prosigió un Domingo de mañana con la alegría de la Borriquita y ya nos trasladamos hasta el Miércoles Santo con el Calvario, la Paz y la Misericordia para continuar el Jueves Santo con el Nazareno, el Caído, las Angustias y el Esparraguero, el día de las tinieblas del Viernes se abría con la silente Buena Muerte y el Viernes Santo todo fue Clemencia y Dolores con un pequeño impás para escuchar la carraca del muñidor del Sepulcro, la imponente urna y el paso del Duelo para resucitar por Santa Marina la calurosa mañana de un Domingo de Resurrección.

Miscelánea de Pasión… Córdoba.