La más bella Perla

Empiezan un día 4 de uno de los meses que el calendario dedica casi en exclusiva a María, continúa un día 8 donde se conmemora su Natividad y culmina en el mes del Rosario, un domingo posterior al día 4. A veces se prolonga algo más de un mes y otras dura un mes escaso. Son los días de la más bella perla de Andalucía, como dice uno de sus más hermosos vítores.

Sucede cada año en Cabra, la cordobesa, la única, auténtica y genuina. Ella viene, se posa, derrocha su gracia por sus calles, espera las visitas, la devuelve, está, escucha, consuela, llena con la luz de su mirada la oscuridad del alma, es guardiana de íntimos secretos, es depositaria de esperanzas, es consejera sin tener que hablar, es manto de amor, es esperanza para un pueblo, es devoción antigua, muy antigua, es misteriosa, es cercana, es divina, es madre, es amiga, es hermana, es reina, es diosa, es regia, es humilde, es señora enjoyada con oro de Ofir, es sencilla siendo soberana, es morena, es gitana, es serrana, es aroma de nardos, es sudor de promesas, es cordel multicolor, es duro sendero entre polvareda, es valiente hombro de bravo costalero en su subida, es juventud, es madurez, es la plegaria en el ocaso de los días, es una nueva vida, es templete romero, es ráfaga de plata, es argénteo trono, es altar cuajado en flor, es la calle mayor, es una salve, es copla que nunca niega su favor, es caja guerrera, es bandera que ondea, es hermana de una cima en lontananza donde Ella se mira en Ella, es devoción sin medida, es auténtica, es pura, es secular, es tierna caricia, es frescor de la sierra, es agua de limpio manantial, es sanadora de heridas, es una perla, la más bella perla y es, sobre todo, egabrense.

Es María, es Santísima y se advoca de la Sierra.

Los días de la más bella perla…

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Sierra Inmaculada. Agua para la tierra.

El 8 de diciembre, con familia y fe, Cabra rogó agua para los campos de la subbética con María Inmaculada de la Sierra por los alrededores de su casita blanca en lo alto del Picacho, una de las dos cumbres sagradas de Córdoba, y Ella, siempre solícita recibió las plegarias de sus hijos. Ansiando el agua soñada, la Inmaculada María de la Sierra bendijo en su azul profundo los campos de la Subbética.

La Subida

Fue un segundo domingo de octubre, el primero tras el cuatro y, casualidades del calendario, fue día 8 ¿os suena? 4, 8 y de nuevo, 8.

En la subida de la Virgen de la Sierra todo está envuelto en ese halo de despedida, de melancolia, de vacío incluso de cierto desconcierto. El sol sale con un dorado cobrizo, tímido, cuasi melancólico para besarle la cara y tras la dureza del camino, los cordeles y los caballos todo es silencio, silencio y quietud, un silencio cuasi misterioso, un silencio triste. Cuando uno se queda en medio de la cuesta de las promesas y emprende la vuelta hasta Cabra nota ese silencio melancólico, una brisa fresca que acaricia el sudor y el sol se apresta en bañar la cumbre allá, en lontananza, la casita blanca es la única que refulge con alegría y el pueblo es cuasi una ciudad sin vida porque la Madre marchó, esto, es lo que tienen las despedidas importantes en dos pueblos de la subbética, uno por junio y otro por octubre. El tiempo se para, las calles parecen dejar de respirar y el sol baña triste su calor y su color tras las andas de las dos patronas, una por junio y otra por octubre. El que no vive en Cabra o no vive en Lucena no sabe de lo que estoy hablando, los que tenemos la suerte de vivir en estas dos ciudades lo sabemos muy bien por junio y por octubre.

8 de la Sierra

8 de la Sierra, 8 de Cabra, 8 de la bandera, 8 de la Natividad, 8 de septiembre.

Templete de plata, ráfaga y media luna, terno de coronación, los nardos, las coplas, el centro filarmónico, la salve, los vivas, el pueblo y sus promesas, el revoleo, el cobijo bajo ella y los besos a la bandera, los fuegos desde la Asunción, los pétalos, la calle mayor arriba, el día resuelto en noche grande. 8 de Cabra, 8 de la bandera, 8 de la Natividad, 8 de septiembre, 8 de la Sierra…

4 de septiembre

La tradición marca el día par a la hora par, del día par a la fiesta grande se suceden dos números pares más. Todo es en cuatro y en ocho y la distancia es otro cuatro, dos veces par.

El cuatro del mes de la Natividad de María, a las cuatro del sol más alto. El calor la arropa, en el ambiente y en su gente. El paisaje, puro, verde y amarillo, de la sierra al olivar. El camino, el camino duro de polvo y pendiente. La nube, se alza como ofrenda de amor y envuelve sus andas. Los cordeles con los cuatro colores, verde, amarillo, rojo y blanco, todo es cuatro, todo es par. La Señora, de color moreno y azul de cielo en sus ojos nos muestra al único Rey, al único ante el que hay que hincar la rodilla. La viñuela es la oración del jinete, en los colchones el agua calma las gargantas secas por las promesas, en la blancura, todo es salve de padre e hijo, oración cantada templada por una sonanta en la voz de dos hermanos y mujeres de Ella. En Góngora, se añora una voz. En los cordeles, los que precisan salud desde la lejanía le lanzan su beso y su plegaria y la bandera ya revolea y la barriada es una fiesta y las flores, las flores son de Ella. El cambio, los nardos nuevos, la misa y Cabra espera en los arcos de la calle Baena y allí se proclamará de nuevo alcaldesa y sonarán los himnos como tributo a su realeza y las coplas se desgranarán San Martín abajo y la Plaza Vieja y la Mayor de las calles que hasta la Asunción llevan y de nuevo una salve y un templete de plata espera, de nuevo pasarán cuatro días, cuatro días de espera y el ocho, que es dos veces cuatro, por la puerta de la Iglesia se dibujará tu realeza.

Cabra vuelve a ser Cabra y ya despierta de un año de larga espera.

 

Votos y Promesas a la Divina Serrana.

CIV años, se dice pronto, romería auténtica con una medida justa. Las misas, la bandera, la salida de la Virgen, la mesa de mandas, las velas, los votos y las promesas.

Cabra se rinde a sus plantas y ya se presiente su venida cuando a las cuatro de la tarde de un cuatro de septiembre esos votos y esas promesas se conviertan en un río interminable entre polvaredas de devoción que desembocará en una ciudad que la espera, como ayer, como hoy y como lo hará siempre.

Esencia pura, autenticidad pura… Romería de votos y promesas a María Santísima de la Sierra.