De la Caridad a las Caídas.

Un hombre, despreciado por Herodes, calla en un ejercicio de la más absoluta humildad y caridad mientras por Santiago, agobiado y agotado por el peso del leño sacro cae por tres veces a los sones del Miserere.

Madre.

Un día hablando con un muy buen amigo nos preguntábamos el misterio que hace que la Virgen atraiga hacia Ella a tantísimas personas, hombres, mujeres, jóvenes, niños, mayores. Personas que, muchas de ellas, no pisan las losas de la iglesia salvo en estos días de mayo en los que la Virgen está en San Mateo y, hablando largo y tendido sólo supimos dar una respuesta y no es otra que esta: Madre.

Muchos de nosotros, creo que prácticamente todos, cuando nos acercamos a San Mateo en estos días no vemos sólo la imagen de la Virgen sino que vemos también a la Madre, los que aún tenemos a la nuestra aquí la vemos como la Madre espiritual que también cuida de nosotros y para los que ya no tienen a su madre entre nosotros ven en el rostro de la Virgen a su Madre, que seguro ya goza de su presencia allá donde estén.

Por eso Araceli es la Madre que viene una vez al año a visitar a sus hijos y sus hijos acuden prestos y raudos a su llamada.

IV domingo de cuaresma en Lucena.

Cuando llega este IV domingo es cuando en Lucena ya se siente, se huele, se palpa, se nota la inminente llegada de la Semana por excelencia del año.

Santiago, las Filipenses, San Mateo, Santo Domingo, El Valle… son los puntos cardinales de este penúltimo domingo de cuaresma en Eliossana.

Aquí una pequeña galería de 16 instantáneas de lo que nos deparó la jornada, una de las más esperadas, de la cuaresma en Lucena.

Del color del Campo Andaluz.

Ya vistió la Señora sus galas carmesís y esto nos viene a decir que ya le queda muy poquito tiempo de estar aquí, en casa lucentina, pisando el suelo de sus hijos para volver a su atalaya de Aras pero, antes, Ella vistió las galas del color de su Reino, ella vistió de verde, verde del Campo Andaluz, el color de la Esperanza que Ella siempre lleva consigo.

La Calma.

La vorágine de los días grandes pasaron, la mañana posterior fue tranquila con un constante ir y venir para pedirte, darte gracias, tal vez reñirte por algún favor no concedido, darte los buenos días, sólo pasar a ver cómo estabas, contemplarte o simple y llanamente mirarte. Pasaron los días de la muchedumbre y volvió de nuevo, la calma… Tu Calma que, de nuevo, se tornará en torbellino de sentimientos un segundo Domingo de Mayo cuando Tú, bajarás a la Tierra para dar tu mano a los que de Tí siempre necesitamos.

La noche del Aracoeli.

… Y el sol se fue y te besó antes de irse, y el añil llegó y puso la color en el ambiente bañando tu camino, efímero el añil pero llegó y contigo se quedó ese instante fugaz. El añil se fue y llegó la oscuridad queriendo imponer su manto y su negrura pero no pudo competir contigo, Velón de mil corazones, Faro encendido en el cabo de la vida. No pudo la negrura imponer su oscuridad y Tú brillaste, brillaste, brillaste y nada apagó tu Luz, aquella Luz que contigo traías desde que se abrieron las puertas, la luz nunca cesó y la noche se resolvió en tu Luz, Araceli, hasta tornarse multicolor. Ese milagro ocurre cada primer domingo de Mayo… La noche del Aracoeli.

La Luz del Altar del Cielo.

La Luz que va contigo es luz postrera de Domingo, la que lucha por penetrar las puertas de San Mateo cuando éstas, solemnes, se abren a las seis de Tu tarde y briegan y pelean por iluminar tu rostro. Esa luz que alcanza su cénit cuando atraviesas el dintel de la Mole pétrea de tu Catedral y rivaliza con los calados de tu palio de malla para colar algunos de sus rayos los cuales consiguen besar tu cara. La luz que no quiere morir en tu Día sin besar a la verdadera Luz que va sostenida en tu brazo izquierdo como Cordero Divino entregado a su Pueblo para redención eterna, la luz que no quiere irse y dar paso al añil del crepúsculo y a la tenue luna en manto de estrellas sin acariciar el rostro de la Diosa de los corazones que se están quemando por tu amor en oraciones. Tú, que eres portadora de Luz, eres besada postreramente por ese sol que antes de apagar sus rayos los lanza con más fuerza aún si cabe para rendir tributo de luz a la que es Luz de todas las Generaciones.

Felicitación a son de Campanilleros.

A las doce, el hermano mayor de la Venerable Cofradía de María Santísima de la Aurora realizaba la llamada en la puerta de San Mateo para tras pedir audiencia con una copla del coro de campanilleros las mismas se abrieran de par en par y así, con los dos faroles de estrella, llegar hasta las plantas de María Santísima de Araceli y felicitarla en los primeros minutos de su Santo Día. Acto este que cada año concentra a más y más personas a las puertas de San Mateo y abarrotando las naves de la Catedral de la Subbética para ser partícipes de la primera felicitación al Aracoeli, la cual culmina con el rezo de la salve y el canto del himno dando paso a la emoción contenida en forma de los vivas a la forma y manera de esta bendita tierra.

Un Alegato a modo de Pregón.

Un pregonero diferente, un mensaje claro, preciso y contundente. No hicieron falta grandes alharacas ni adornos, no hicieron falta tapas de terciopelo y apliques de orfebrería, sólo una simple carpeta azul con sus dos gomas. Como mis palabras son torpes, les dejo con la Salutación con la cual el pregonero inició su proclama. Lean y juzguen ustedes mismos.

Gracias, compañero, Manuel González por hacerme llegar esta maravilla de salutación, valiente y sin complejos.

SALUTACIÓN

                  Virgen de Araceli, Madre nuestra y Madre de todos los hombres:

de los creyentes y de los lejanos que, tal vez –sin saberlo- quisieran creer

de los pobres, y también de los ricos;

de los tolerantes, y de los fanáticos;

de los inocentes, y también de los culpables de todo o, tal vez, de nada;

de los terroristas, de sus víctimas y de quienes les combaten;

 MADRE:

de los matrimonios, de los divorciados vueltos a casar  y de los que simplemente conviven;

 MADRE:

de los que practican, en todo momento y circunstancia, la defensa de la vida –de cualquier vida- y de quienes la matan –haciéndolo, permitiéndolo o favoreciéndolo- desde la misma concepción o precipitando dulcemente su final;

 MADRE:

de los de una u otra orientación o práctica sexual;

de los drogadictos, alcohólicos, prostitutas y marginados y de los que explotan, propician o no impiden esas situaciones;

de los que no tienen techo, y también de los que viven en palacios;

de los hambrientos de pan y cultura, y de los que están saciados de todo;

MADRE:

de los sin nombre y sin rostro, y de los famosos;

de los que te aclamamos y vitoreamos, pero no seguimos las enseñanzas de Jesús, tu Hijo;

de los que nos llamamos y, de verdad, queremos ser hijos tuyos, aunque te hayamos desfigurado tanto, tanto, hasta hacerte irreconocible;

MADRE:

de los privados de libertad –justa o injustamente- aún por los delitos más abominables;

de quienes –según nuestra moral e inapelable juicio- “viven en pecado”;

MADRE:

de aquellos –o aquellas- que, estimando que la imagen de tu Hijo en la Cruz pueda ofender a alguien, ordenan retirarla de despachos oficiales, olvidando que el Crucifijo es símbolo de entrega y de amor, como recordó el profesor Tierno Galván –agnóstico confeso- al disponer mantenerlo en su propia mesa de trabajo cuando ocupó el despacho como alcalde de Madrid;

MADRE:

de los emigrantes;

de los refugiados y de quienes les acogen;

MADRE:

de los cuatro millones y medio de sirios desplazados y de los miles de niños refugiados desaparecidos;

de los niños de la calle y de los que mueren en la playa;

de todos los niños, sea cual sea su origen o la forma en la que hayan sido engendrados o concebidos;

MADRE:

“aún de aquellos que ignoran que son hijos tuyos”, según enseñó el papa Pablo VI en su Exhortación apostólica “Marialis Cultus”, de 2 de febrero de 1974;

MADRE:

incluso de los que un día del pasado febrero –de palabra o con el cobarde silencio- te ofendieron en el Salón de Ciento del ayuntamiento de Barcelona;

MADRE:

de quienes dudan de tu virginidad, llegando a negarla;

de los que no te reconocen como Madre de Dios;

MADRE:

de la MISERICORDIA: así te invoca el papa Francisco en su bula “Misericordiae Vultus“,  de 11 de abril de 2015, convocando el Jubileo Extraordinario de la Misericordia  que este año celebramos;

MADRE Y SEGUIDORA:

del subversivo, revolucionario y rebelde Jesús;

MADRE:

de las víctimas y familiares de los recientes terremotos en Japón y Ecuador;

MADRE:

de los vivientes;

MADRE:

de toda la familia humana.