Semblanza Nazarena.

Este torpe servidor que intenta plasmar la verdad y la esencia de lo importante para la fe de un pueblo se ve incapaz de explicar lo que significa el Viernes, el de la primera letra mayúscula en el cual comienza la verdadera Vía Sacra lucentina -como dijera mi buen amigo el “Comandante” Joaquín Ferrer- y como no soy capaz de poner palabras torpes a lo que viene a significar la mañana de ese día con mayúsculas donde Lucena se reencuentra consigo misma pues prefiero que hablen las imágenes y callen las palabras.

Semblanza Nazarena…

El Viernes de Lucena.

Si hay un día subrayado y redondeado en rojo en esta villa de Eliossana junto al primer domingo de cada Mayo ese es, sin lugar a duda alguna, el Viernes de la Semana más Santa.

El Viernes de la Semana más Santa es el Viernes de Lucena, un Viernes que todos los quintos días de la semana en la Capilla del Llanete se rememora con cantos de salmos del Miserere y un perdón arrependito. Lucena reza en Viernes todo el año para llegar el Viernes de la Semana más Santa y tres veces ser bendecida.

El Viernes de Lucena suena a Torralbo de lamentaciones, a salmos de Miserere salpicando todo el camino del doliente Nazareno, a Perdón de Plaza Nueva, a Saeta que brota desde el balcón de las seis de la mañana, suena a perrilleja y alcantarilla, a saetas de la Quica y al miserere de Gorito que en la mañana siempre están presentes desde la memoria y el recuerdo. El Viernes de Lucena huele a cera tiniebla que se derrite, huele a pebetes que se consumen y dan el aroma al paso del Señor.

El Viernes de Lucena es castizo por los cuatro costados, gentío ante el Señor, tambores que marcan el pasito de Jesús, santeros abrochaos a “la maera” con morada túnica, negros velos cubriendo cabezas tocadas de coronas de espinas, morados hábitos de cara descubierta con cordón de pita sin edades para alumbrar su camino.

El Viernes de Lucena es Lucena en su más pura esencia.