La Postrera Bendición

1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, costumbres devocionales, arraigadas. Jesús Nazareno, en la antigua villa de Monturque, reparte su bendición postrera al llegar a las puertas del cementerio de San Rafael.

Nazareno doliente, casi vencido ya por el asfixiante peso de su argéntea cruz, patetismo y dulzura a la vez en su rostro, no puede apenas levantar la mano por el duro camino de siglos cargando culpas pero la levanta y bendice a aquellos que ya gozan de su presencia o aún encuentran el camino para llegar a ella. Pureza en las costumbres de los pueblos cordobeses.

 

 

 

Virgo Maria. Mater Desconsolata

O vos omnes
qui transitis per viam,
attendite et videte:
Si est dolor similis
sicut dolor meus.
(Oh, todos vosotros que pasáis por el camino
prestad atención y ved si hay un dolor semejante a mi dolor).

Así reza la leyenda de tu palio, transida de dolor, Desconsolada en tu Soledad porque ni la compañía de las dos personas más amadas por Cristo mitigan tu Desconsuelo ni hacen compaña a tu Soledad.

Madre Desconsolada en tu Soledad, oscuro y negro luto, nacarada tez y figura hierática, tus ojos se pierden en tu profundo dolor, el último cristal se derrama por tu mejilla porque ya no quedan lágrimas, siempre en Soledad aunque tengas la sacra compañía de María la de Magdala y de Juan, siempre en Soledad y Desconsolada, las palabras no sirven, no las escuchas, sólo escuchas tu Desconsuelo eterna y nacarada Reina de la Compañía.

Siempre agradecido a la Hermandad de la Inmaculada Concepción y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro y Nuestra Señora del Desconsuelo en su Soledad por abrirme de par en par las puertas de la Compañía, una casa para mí especial por muchos motivos y una advocación mariana que ocupa lugar de privilegio en todo mi ser.

 

Virgo Maria. Angustiarum plena

Virgen María, llena de Angustias. Reina de tu iglesia y protectora de tu plaza, tus calles y tu antiguo barrio, la perla de San Agustín, la que se fue largo tiempo y volvió a la que es su casa.

Devoción más que centenaria, con sus altos y sus bajos, como todo en la vida pero siempre prevaleciendo como espiga floreciente que nunca se troncha por más que los vientos soplen fuerte. Ella, sólo Ella, siempre prevalece porque las personas pasarán, los años pasarán, los días y los meses pasarán pero Ella con su Hijo en el regazo siempre prevalecerá.

En esta ocasión el regazo quedó vacío, su Hijo esperaba en el altar, pero no quedó baldío. Ella esperaba con los brazos abiertos, ofreciendo su mano como muestra de amor al beso de su gente, de su barrio, de sus hermanos, de quien fuera a admirar su belleza y en la otra mano nos mostraba la espina, el dolor que siempre la acompaña, por eso llora su cristal, el dolor siempre la acompaña, plena de Angustias.

De bien nacido es ser agradecido y agradezco enormemente la oportunidad, tan ansíada por mí y espero que no sea la última, que me ha ofrecido la junta de gobierno de la Pontificia, Real y Centenaria Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias Coronada y, en especial, mi agradecimiento sincero a la persona de su Hermano Mayor D. Manuel Rafael Fernández Aguilar. Un hermano siempre agradecido.

CCC Aniversario. La ida

Tres veces centenaria, su cofradía.

Tres veces centenaria, María.

Tres veces centenaria sin canónica presea pero coronada de estrellas brillantes con la luna a sus pies sobre una peana de nubes, la mujer más pura que madres pudieron parir y criar porque eres la caña del trigo, hermosa doncella, bella y pura flor, fuente que mana copioso caudal, luz clara del cielo, blanca azucena, zarza sin consumirse levanta tu vuelo y échate a volar, estrellita clara del cielo, Dios te salve luna, Dios te salve Sol, que los portones de la capillita se te abren para ver al Divino Redentor que camino a Santo Domingo, por la capilla de Dios Padre, como una paloma hermosa te vieron volar con un ramo de rosas del Santo Rosal y durante casi treinta días en la parroquia dominica te posarás.

 

La Subida

Fue un segundo domingo de octubre, el primero tras el cuatro y, casualidades del calendario, fue día 8 ¿os suena? 4, 8 y de nuevo, 8.

En la subida de la Virgen de la Sierra todo está envuelto en ese halo de despedida, de melancolia, de vacío incluso de cierto desconcierto. El sol sale con un dorado cobrizo, tímido, cuasi melancólico para besarle la cara y tras la dureza del camino, los cordeles y los caballos todo es silencio, silencio y quietud, un silencio cuasi misterioso, un silencio triste. Cuando uno se queda en medio de la cuesta de las promesas y emprende la vuelta hasta Cabra nota ese silencio melancólico, una brisa fresca que acaricia el sudor y el sol se apresta en bañar la cumbre allá, en lontananza, la casita blanca es la única que refulge con alegría y el pueblo es cuasi una ciudad sin vida porque la Madre marchó, esto, es lo que tienen las despedidas importantes en dos pueblos de la subbética, uno por junio y otro por octubre. El tiempo se para, las calles parecen dejar de respirar y el sol baña triste su calor y su color tras las andas de las dos patronas, una por junio y otra por octubre. El que no vive en Cabra o no vive en Lucena no sabe de lo que estoy hablando, los que tenemos la suerte de vivir en estas dos ciudades lo sabemos muy bien por junio y por octubre.

XXV años. El Epílogo.

Volvieron al barrio de Santiago, al 17 de la Calle Ancha. Atrás quedaron los días en Santo Domingo, ante San Mateo el blanco reloj de la torre consistorial marcaba las nueve, la calle flores no se convirtió en esta ocasión en Calle de la Amargura pero ante la Fortaleza Antonia del Castillo del Moral, Cristo encaminó ya sentenciado por Pilatos sus pasos con la cruz hasta el gólgota de su calle. Volvió al 17 de la más ancha de las calles estrechas y allí esperará la visita de cada día, el atisbarlo tras la cristalera cualquier día del año. Todo culminó para que vuelva a comenzar cinco lustros más de historia bajo la mirada del Señor de la Bondad y el dulce sollozo de María Santísima del Divino Consuelo.